Por qué evitar los adjetivos Por qué no se debe abusar de los adjetivos

No conviene abusar de los adjetivos

En un reciente artículo de Juan Cruz en El País titulado Los adjetivos deben venderse en farmacias se lee:

El Libro de Estilo de este periódico nos advierte sobre el abuso del adjetivo, y el libro de estilo de la vida aconseja también sobriedad en los calificativos. Es tan delicado el adjetivo que debería venderse en farmacias.

Lo cierto es que nuestra sociedad (la de los tuits y los facebooks) se ha relajado y ha dejado que el adjetivo entre en la información hablada o escrita, se ha puesto en el centro de la conversación y es cada día más pegajoso porque cada día se siente como un elemento más gratuito y nos da el confort de haber dicho del adversario o del que no nos gusta lo que nos da la gana sin que por ello debamos pasar demasiada pena.

Ahora hay tantos adjetivos en nuestra sociedad que poco a poco nos hemos vuelto incorregibles. Quien quite los adjetivos ganará la batalla del sosiego.

Coincido con Juan Cruz en que conviene evitar los adjetivos como norma de convivencia. Quien abusa de ellos disfruta de la comodidad de la opinión sin el esfuerzo de la argumentación; busca al culpable más que a la solución; cree que para vencer adversidades debe derrotar a personas.

Además debemos de huir de los adjetivos como norma de redacción. El tema ya lo he tratado en las entradas Odio los adjetivos y Adjetivos ridículos, pero como es tan importante lo trato otra vez. Mi consejo es simple: borra todos los adjetivos salvo los imprescindibles. Veamos un ejemplo:

En efecto, la meta de la calidad está siendo imposibilitada por los perversos procesos de gestión burocrática implantados, que consumen tiempo precioso, despilfarran recursos humanos y materiales no tan abundantes y reportan beneficios y provechos harto discutibles.

 3/4/2016, El País

Podemos prescindir de todos los adjetivos salvo discutibles.

En efecto, la meta de la calidad está siendo imposibilitada por los perversos procesos de gestión burocrática implantados, que consumen tiempo precioso, despilfarran recursos humanos y materiales no tan abundantes y reportan beneficios y provechos harto discutibles.

En efecto, la meta de la calidad está siendo imposibilitada por los procesos de gestión, que consumen tiempo, despilfarran recursos  y reportan beneficios y provechos discutibles.

Algunos adjetivos aportan poco y otros nada. Es difícil imaginar una gestión que no sea burocrática y unos recursos que no sean humanos y materiales. ¿Qué otros recursos hay? Y, por supuesto, carecería de sentido plantear procesos de gestión que no estén implantados.

Otro ejemplo:

Los economistas han desplegado muchas teorías para explicar las causas fundamentales del enorme progreso material de nuestra especie en estos últimos 500 años. La innovación tecnológica ha sido señalada como una de las causas fundamentales de ese progreso. Pero para que haya innovación se necesitan dos contribuciones básicas: una es el respeto por la propiedad privada; la otra, el desenvolvimiento de mercados con un apreciable margen de libertad.

10/3/2016, La Nación (Argentina)

La pareja “causa fundamental” ofrece 252 millones de resultados en Google, mientras que “causa” en solitario ofrece apenas algo más: 329 millones. Fundamental es un parásito de causa, un apéndice que añade poco y genera una expresión tan habitual —causa fundamental— que se ha convertido en un cliché que harta de tanto oírlo. Pareciera que todas las causas son fundamentales, porque apenas se habla de causas accesorias. Pero el texto ofrece más “parejas cliché”: progreso material, innovación tecnológica, contribución básica y propiedad privada. Estos clichés debemos evitarlos porque no hay nada peor que repetir lo que millones han escrito antes.

Probemos a eliminar los adjetivos de las “parejas cliché”:

Los economistas han desplegado muchas teorías para explicar las causas fundamentales del enorme progreso material de nuestra especie en estos últimos 500 años. La innovación tecnológica ha sido señalada como una de las causas fundamentales de ese progreso. Pero para que haya innovación se necesitan dos contribuciones básicas: una es el respeto por la propiedad privada; la otra, el desenvolvimiento de mercados con un apreciable margen de libertad.

Los economistas han desplegado muchas teorías para explicar las causas del enorme progreso de nuestra especie en estos últimos 500 años. La innovación ha sido señalada como una de las causas de ese progreso. Pero para que haya innovación se necesitan dos contribuciones: una es el respeto por la propiedad; la otra, el desenvolvimiento de mercados con un apreciable margen de libertad.

En el nuevo texto no se echa nada de menos. Los tres adjetivos restantes deben preservarse porque aportan algo.

Por otra parte, el texto se puede mejorar:

Los economistas han desplegado muchas teorías para explicar teorizado mucho sobre las causas del enorme progreso de nuestra especie en estos últimos 500 años. La innovación ha sido señalada se ha señalado como una de las causas de ese progreso. Pero para que haya la innovación se necesitan exige dos contribuciones: una, es el respeto por la propiedad; la otra, el desenvolvimiento de mercados con un apreciable margen de libertad apreciable.

Los economistas han teorizado mucho sobre las causas del enorme progreso de nuestra especie en estos últimos 500 años. La innovación se ha señalado como una de las causas. Pero la innovación exige dos contribuciones: una, el respeto por la propiedad; la otra, el desenvolvimiento de mercados con libertad apreciable.

 

 

One Response to “Por qué evitar los adjetivos Por qué no se debe abusar de los adjetivos

  1. Javier Peñas Says:

    Excelente artículo (espero que no sobre el anterior adjetivo)

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